Nación, nacionalismo e identidades comunitarias

 

Discusión Bibliográfica del Proyecto “Identidad e Identidades. La Construcción de la Diversidad en Chile”

Profesor José Bengoa

1. Discusión Bibliográfica acerca de Nación, nacionalismo, identidades sociales y comunitarias.

La cuestión del nacionalismo se ha transformado en uno de los temas centrales de la discusión en Ciencias Sociales en la última década y media y quizá en el tema central de la Antropología. La pregunta acerca de ¿Qué une a los individuos para vivir en sociedad? recorre la mayor parte de las investigaciones que se realizan en estas materias en la actualidad. Hasta hace no mucho tiempo la idea de nación aparecía como natural o consustancial al devenir de las sociedades en la época moderna. La aparición de las naciones fue concomitante con la época posterior a la revolución francesa. El siglo XIX para muchos historiadores fue visto como el siglo de las naciones y no por casualidad después de la primera Guerra Mundial se establece la así llamada Sociedad de las Naciones que sería el ente aglutinador de este sistema político moderno. A fines del siglo veinte en cambio se produce una percepción de la crisis de las naciones y del nacionalismo. Muchas Naciones que parecían muy firmes y "tradicionales" se vieron de tal suerte sacudidas que terminaron sus días desmembrándose en numerosos países con Estados independientes. La crisis del concepto de nación se hizo evidente. Como señala el antropólogo Manuel Gutiérrez se comienza a producir el conflicto entre "el amor a la tribu y el amor a la Patria". (De Palabra y Obra en América. Volumen 3. Madrid. Siglo XXI Editores. 1997). La identidad nacional comienza a verse discutida y también complementada con otras identidades locales ya sea de carácter regional, de carácter étnico, religioso,etc. La bibliografía sobre estos temas es amplia y diversa.

Quizá el libro que marcó un cambio en el modo de comprender desde la antropología la cuestión del nacionalismo fue el de Benedict Anderson. Imagined communities. Reflections on the origin and spread of nationalism. 1983. (Traducción al español en el Fondo de Cultura Económica. 1993). Anderson es especialista en estudios indonesios y en ese libro se planteaba frente a lo que estaba ocurriendo en esa parte del mundo, aunque su análisis es absolutamente de carácter universal . Se retoma una perspectiva constructivista, consistente en observar a las sociedades y en particular a las naciones como un proceso de construcción humano, producto de la imaginación de líderes, intelectuales, artistas y en general el denominado pueblo: " Una comunidad política imaginada", como la define. Es por ello que estas entidades, imaginadas de manera más o menos consciente y explícita por los seres humanos, no solo pueden ser construidas sino también destruidas.

Clifford Geertz desde una perspectiva un tanto diferente ha influenciado el debate con su concepto de "Primordial Ties" (Clifford Geertz Old societes and new states. New York Free Press. 1963). Si bien su trabajo es antiguo, ha marcado lo que hasta hoy se conoce como el "primordialismo". Señalaba el eminente antropólogo que las sociedades poseían ciertos lazos primordiales que los llevaban siempre a "the demand to exist and have a name". En su libro Conocimiento Local. Ensayo sobre la interpretación de las culturas Ediciones Paidos. 1983. vuelve al asunto analizando Indonesia, que al igual que el anterior autor ha sido el espacio de trabajo antropológico. A partir de esa experiencia trata de comprender la dificultad de transformación de las ex Indias Occidentales, colonia formada por cientos de islas, aldeas, reinos, y diversos conglomerados humanos, en una Nación y los permanentes peligros de destrucción que han surgido (y siguen surgiendo) en la historia. De una u otra forma en estos análisis prima la idea del primordialismo, como lazos más fuertes que los que son creados en base al derecho y la ley. Jack Eller y Reed Coughlan se han hecho conocidos con un artículo titulado "The Poverty of primordialism", en que discuten las tesis de Geertz ("The poverty of primordialism and the dysmitification of ethnic attachments" en Ethnic and racial studies Vol 16 Número 2 1993, 187 a 201, reeditado en J. Hutchinson y A. Smith. Ethnicity Oxford University Press. 1996). Señala que el primordialismo sería a priori, esto es, dado desde fuera de los seres humanos como individuos, inefable, esto es, que produce un sentimiento de ser algo irremplazable y absoluto, y afectivo. La crítica principal, a nuestro modo de ver, señala que el primordialismo es visto por Geertz y sus seguidores principalmente como un asunto de emociones y sentimientos. Los lazos que unen a las personas serían principalmente afectivos. Esto conduciría a que las identidades primordiales fueran muy diferentes a otro tipo de identidades. La crítica señala que ciertamente muchas veces está ligado el lazo primordial con el parentesco, con la vida familiar, pero que ello no es suficiente para constituir una identidad única de carácter grupal. Finalmente hasta la agrupación más pequeña es fruto de una construcción, de un discurso que asumiendo las afecciones y lealtades afectivas que provienen de los lazos parentales, las catapulta en un discurso político capaz de transformarse en proyecto.

En el debate actual el concepto de "Pueblo" se ha transformado en determinante. La Carta de Naciones Unidas (Pactos de Derechos Civiles y Políticos) señala el derecho a la autodeterminación de los pueblos. El concepto de pueblo tiene una larga tradición y se remonta a dos vertientes, a la de "gens" y a la de "ethnos". El trabajo de Frederic Barth del año 1969 sigue siendo una guía adecuada para comprender el origen de estas complejas cuestiones. (F. Barth Ethnics groups and boundaries. The social organization of culture difference. 1969. Los grupos étnicos y sus fronteras. Fondo de Cultura Económica. 1976). A partir de esta discusión teórica nosotros hemos tratado de comprender cómo se crean y construyen los lazos primordiales. Para ello el texto de Eric Hobsbawn, Nations and nationalism since 1780 Cambridge University Press 1990 (Traducción al español en Editorial Crítica.1995) es de mucho interés e importancia. Son un conjunto de conferencias dadas en Belfast sobre el tema del nacionalismo, es decir, en el ojo del huracán. Allí el historiador inglés sostiene que el nacionalismo es un asunto del siglo diecinueve, un asunto reciente en la historia, y que los nacionalismos de fines del siglo veinte no son más que resabios inacabados de problemas de construcción nacional interrumpida. Irlanda, Yugoslavia, y numerosos otros lugares del mundo, por más virulentos que fuesen serían asuntos "viejos", frente a un planeta lanzado a la globalización.

Agrega que, " No son las Naciones las que hacen los Estados y los nacionalismos, sino al contrario", participando desde este punto de vista de la corriente constructivista. Estas ideas, que en una síntesis pueden sonar muy burdas e injustas con el autor y su excelente libro, condujeron a una enorme polémica. El eje de ella es si estamos frente al ocaso de los nacionalismos y los Estados nacionales surgidos en el siglo diecinueve o en cambio son movimientos pasajeros. En sus charlas, en Irlanda del Norte, afirma que el problema de las naciones es del nacionalismo y no de la búsqueda de una identidad perdida. Adrian Hastings de Cambridge en La construcción de las nacionalidades (Cambridge University Press.2000, en inglés y edición de la misma editorial en español), discute las tesis de Hobsbawn y desarrolla una serie de conceptos que se encuentran entre el constructivismo absoluto de las sociedades imaginadas y el esencialismo absoluto también de los lazos primordiales. Este autor se opone a Anderson y a Gellner (Ernest Gellner Naciones y nacionalismo. Alianza Editorial. 1997) que señala que es "el nacionalismo el que engendra las naciones". Agrega Gellner que "el nacionalismo no es el despertar de las naciones a una conciencia de sí mismas sino que inventa las naciones, incluso, allí donde no existen" Frente a ellos Hastings señala que una Nación es una comunidad histórico cultural con un territorio que considera propio y sobre el que reclama una especie de soberanía" es en ese sentido una "comunidad territorial y política". Señala que a su juicio la diferencia con las etnias es de nivel de conciencia tanto del territorio, como de del principio de soberanía. Finalmente establece que en la conformación de las naciones se produce una diversidad de fenómenos, entre los que destaca principalmente la religión. Esta posición es menos constructivista y por cierto más proclive a encontrar ventajas y elementos positivos y estables, en el nacionalismo.

Esta discusión teórica nos conduce a la discusión de si los llamados lazos primordiales (o lo que la gente cree que son sus lazos primordiales o ancestrales) pueden ser construidos o no. Dicho de otro modo si las identidades sociales son producto de la construcción social. Malek Chebel en La formation de l’identité politique. Payot. París. 1998. señala que la "la identidad no es un dato biológico….sino…una dimensión interactiva compuesta por una parte por elementos innatos y por la otra por los datos sociales, culturales y
familiares…La identidad es una acumulación y un resultante." A partir de allí se puede comprender que los lazos así llamados primordiales son también un objeto de construcción, un objeto de acumulación y finalmente, un resultado de ello. Esta manera de comprender es clave en la investigación que desarrollamos.

Identidad y memoria aparece como un asunto clave de comprender, ya que en buena medida la construcción del proyecto de soberanía se basa en el pasado común, o en la lectura (invención) del pasado comunitario. Joel Candau Memoire et Identité. Presse Universitaires de France. 1998. Trata largamente este asunto siguiendo y discutiendo con Anderson y Gellner, ya citado. Trata de comprender lo que sería el
"sustrato cultural (Capital cognitivo fijo según Gellner) compartido por la mayoría de los miembros de un grupo y que les otorga a ellos una identidad dotada de una cierta esencia" (pag. 18). En torno a esos nudos se iría construyendo la identidad política, social, cultural y nacional. Esta temática se refiere a la idea de Memoria Colectiva que desarrolló Halbwachs en los años cincuenta y que sigue teniendo mucha importancia en la discusión sobre identidad e identidades. (Maurice Halbwachs. La memoria colectiva. Fondo de Cultura Económica. 1967) Esta vertiente muestra que la voluntad de imaginar una comunidad se transforma en algo más que eso, gestos, maneras de decir, maneras de hacer, maneras de ser, formas de pensar, estereotipos positivos y negativos, etc. (Candau). Ese camino de comprensión de las identidades es muy fecundo. Levi Strauss en su discurso ante la UNESCO (Raza y Cultura. Cátedra. Madrid. 1993) defiende la diversidad e incluso los estereotipos. El principio de alteridad aparece como un elemento constitutivo de las sociedades y no existiría el principio de identidad sin el de alteridad. La mirada del otro no siempre debe ser vista como negativa dice el antropólogo. Se adelantaba a la oleada que venía en el mundo, de fomento de las identidades locales en medio de la globalización. Geertz discute esa postura al tratar los usos de la diversidad en un artículo famoso.(Clifford Geertz.Los usos de la diversidad Paidos 1996)"Parece que el mundo va pareciéndose más a un bazar kuwatí que a un club de caballeros ingleses" dice en una ironía este autor y señala que es preciso comprender la cultura como un "collage". El tema nos plantea desafíos a la investigación, identidad o identidades, bazar o club inglés.

Este debate ha continuado en torno al tema del "hibridismo". Se entiende por tal la yuxtaposición en las culturas latinoamericanas, por ejemplo, de un sinnúmero de fragmentos culturales (y por tanto identidades culturales) las que no tienen muchas veces más relación que el estar "pegadas" como un collage. (Héctor García Canclini. Culturas Híbridas. Grijalbo. México. 1990) El tema ha causado largas y ácidas polémicas. En uno de los Congresos de LASA que reúne a la mayor parte de los especialistas en América Latina, realizado en Guadalajara, México se desarrolló una concurrida mesa sobre "hibridismo". La crítica provenía principalmente de los marxistas norteamericanos que veían en esa manera de comprender la cultura popular un debilitamiento de la conciencia social y de clase. Se la criticaba como un sistema teórico de integración.

García Canclini en un estudio presentado en un Seminario realizado en Trujillo, España, denominado "Las tramas de la identidad," en el que participamos, escribe un artículo denominado ¿Negociación de la identidad en las clases populares?" en que sale al paso de las críticas que ha recibido de este sector de intelectuales norteamericanos que estudio Latinoamérica. (Manuel Gutiérrez et al Editores., De Palabra y Obra en el Nuevo Mundo. Volumen 4. Las Tramas de la Identidad. Siglo XXI Editores. Madrid. 1997.). El tomo se dedica completamente al tema que aquí señalamos.

Robert Castel (La metamorfosis de la cuestión social. Paidos. 1997.) ha desarrollado este concepto de cambio de las identidades. En un seminario reciente (San Luis Potosí. Colegio de San Luis. CIESAS Universidad de Nanterre. Laboratorio de Etnología comparada) desarrolló su tesis de la transformación permanente de las identidades en el contexto global del mundo de hoy y la adquisición necesaria y creciente de múltiples identidades en cuya conjunción se producen los nuevos encuentros de sentido. El concepto de "metamorfosis" le es de utilidad para comprender esta sucesión. En su libro citado lo aplica a la clase obrera y los cambios culturales que ha sufrido. "En el momento en que parecían haberse impuesto definitivamente los atributos ligados al trabajo para caracterizar el estatuto que ubicaba y clasificaba al individuo en la sociedad, en detrimento de los otros sostenes de la identidad (como la pertenencia familiar o la inscripción en una comunidad concreta) precisamente en ese momentos, decimos, la centralidad del trabajo ha sido brutalmente cuestionada" (pag 189). Esta perspectiva abre una vertiente teórico metodológica de mucho interés en una investigación como la aquí planteada. Al romperse uno de los "lazos" básicos (la predominancia del trabajo asalariado como fuente de identidad y valor social), comienzan a recrearse otros (étnicos, regionales, comunitarios, género, etc). Castel emplea el concepto de "desafiliación y afiliación", en que "las nuevas identidades se construyen a partir de situaciones de desestructuración social que han puesto en mal pie a las identidades anteriores" Esta situación obliga a los grupos desestabilizados a "forjar nuevas respuestas identitarias". (Robert Castel Desaffiliation et affiliation:un scheme de deconstruction – reconstruction des identites en europe occidental. Coloquio Franco Mexicano. Identidades, Globalización y democracia. Colegio de San Luis. Ponencias. México. Diciembre del 2.000). El autor agrega la distinción entre "identidad social e identidad política". Los ciudadanos pueden ver erosionada su identidad política (la relación con el Estado y el entusiasmo emotivo por la política y sus hazañas) y ver reforzada la identidad social, esto es, un conjunto de bienes culturales atribuidos a la pertenencia a esa sociedad. es lo que hemos anotado en las hipótesis y estudios de caso al hablar de la "privatización de la identidad nacional".

El antropólogo de la Universidad de Chicago, Claudio Lomnitz propone una serie de conceptos de enorme atractivo para comprender estas complejas cuestiones en su último trabajo, "Los trapos sucios del nacionalismo" (C.Lomnitz "Nationalism dirty Linen: contact zones and the topography of national identity." Manuscrito preliminar. Noviembre 2.000, pronto a ser publicado por la Universidad de Chicago). Considera que la identidad es un "performance discursivo", por cierto sin el cual las sociedades y los seres humanos no pueden sobrevivir. Esas identidades nacionales principalmente se producen (construyen) en zonas de contacto, esto es, espacios de controversia, de tensión entre procesos globales, influencias externas y procesos provenientes de la historia, la reconstruida tradición,etc… Por ejemplo señala que en México uno de los principios identitarios sería la tensión o zona de contacto entre comunidad y modernización. la modernización sería vista como peligrosa y perjudicial si no está normada por la comunidad. Lomnitz se ubica en un análisis de mucha mayor profundidad que otros autores sobre el tema de las identidades, asunto que nos convoca en esta investigación. Estas adscripciones que se destruyen y reconstruyen en forma permanente son vistas con ojos relativamente pesimistas por Mafesoli (Michel Mafesoli. La transfiguration du politique. La tribalization du monde. Livre du poche. 1993. también . Michel Mafesoli El tiempo de las tribus. El declive del individualismo en las sociedades de masas. Icaria. España.1990). El concepto de "saturación de la civilización dada" es el que preside a nuestro modo de ver el concepto de tribalización. Frente a esta saturación de los sentidos las identidades se tribalizan, se buscan adscripciones secundarias pero que poco a poco se transforman o pueden transformarse) en las principales. En la sociedad moderna pareciera, dice que se impone el "principium relationis" que es aquel de la emoción compartida,de la cultura del sentimiento, de un desarrollo tecnológico orientado hacia la interacción,la "tactilidad", por esencia apolítico" Son las formas postmodernas de "orgía divina y trance", que establecen las nuevas adscripciones, las nuevas identidades, los procesos de reconstrucción de las viejas ideas de nación, Patria y ciudadanía. En un libro más reciente (Michel Mafesoli. Du nomadisme. Vagabondages initiatiques. Livre de poche. 1997), se refiere al "fantasma del uno" (de la homogeneidad deberíamos traducir) que es "lo propio de la violencia totalitaria moderna". La desconfianza de quien es errante, vagabundo, desapegado a las normas, esto es, el miedo a la diversidad del que hemos hablado en la parte central de este proyecto. "Utilizando la metáfora del tribalismo o hablando del ideal comunitario he insistido sobre la saturación del sistema interpretativo ligado al individuo o al individualismo como pivote de la vida social "(pag 61). Es un regreso el que señala el autor, ha formas de convivencia en las que el sentido emocional está determinando la acción. Esta perspectiva es de gran utilidad para la investigación.

El tema de las identidades étnicas ha sido largamente estudiado y es uno de los asuntos de mayor peso en el debate antropológico. (Manuel Gutiérrez (Compilador) Identidades étnicas. Diálogos amerindios. Madrid. 1997). Se produce tanto en los grupos indígenas como en grupos minoritarios de otras partes del mundo un proceso de emergencia de nuevas identidades. Se trata de una reconstrucción y en algunos casos simplemente de una reinvención de nuevas identidades que otorgan sentido a la acción. (J. Bengoa La emergencia
indígena en América latina. Fondo de Cultura Económica.2.000) El concepto de emergencia permitiría comprender estos fenómenos. Para Xavier Albó sería consecuencia de la exclusión el resurgimiento de las nuevas identidades (Xavier Albó El resurgir del indio en un mundo excluyente. .La Paz. Bolivia. 1997) Diversos autores postulan que se estaría produciendo un nuevo proceso democrático en América latina gracias a la emergencia indígena (Donna Lee van Cott. Indigenous peoples and democracy in Latin América. St martin’s Press. New York. 1995).

2. Discusión Bibliográfica acerca de identidad e identidades en Chile.

El debate sobre estas materias es reciente en Chile. Tres revistas académicas han dedicado sus números completos a esta discusión. La Revista Chilena de Humanidades dependiente de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile dedica su número 20 del año 2.000 a el tema de la identidad. El sociólogo Jorge Larraín ("Globalización e identidad nacional", pp 21 a 35) se pregunta si están las identidades nacionales destinadas a desaparecer. Critica una mirada fixista de la cultura en que "lo propio" sea necesario de mantener. Claudio Véliz en un artículo sugerente producto de una clase magistral ("Nacionalismos, globalizaciones y la sociedad chilena" pags 35 a 53) señala el derrotero de los nuevos nacionalismos: "se puede argüir que la demanda por definiciones nacionalistas introspectivas, positivas y conducentes a una mayor y mejor cohesión
social solo puede descansar sobre una percepción generalizada de que las circunstancias del momento lo exigen. Tal percepción está necesariamente ausente de las sociedades tradicionales pero emerge
gradualmente como consecuencia directa del avance de la modernización y sus procesos disolutivos de la sociedad preindustrial" (pag. 47). esta propuesta de una reconstrucción de los principios identitarios (con una cierta dosis de proteccionismo) en la globalización es quizá un aspecto nuevo en el debate sobre identidad. El autor afirma la necesidad de una fuerte identidad para proyectarse exitosamente en el mundo del siglo XXI, y al mismo tiempo señala que para ello no sirve las identidades llamadas "tradicionales". La Revista Persona y Sociedad, editada por Instituto Latinoamericano de Doctrina y Estudios Sociales, publicó el Número 1 de Abril de 1996 dedicado al tema "Identidad, modernidad y postmodernidad en América Latina". Pedro Guell analiza el concepto de identidad a través de la historia (" Historia cultural del programa de identidad" pp 9 a 28) Comprende los procesos de identidad ligados a los de sentido y analiza la forma en que los sentidos se han secularizado. Otro exponente siguiendo a Habermas se pregunta si es posible establecer identidades racionales en el mundo moderno. la pregunta es sin duda de gran importancia dado que la mayor parte de las identidades como lo ha mostrado Guell, son de corte irracional, místico o simplemente afectivo. (Ernest Tugendhat: "Identidad personal, nacional y universal" pp 29 -43). El conjunto del volumen, en que hay un artículo del investigador, tratan sobre el tema. La Revista de la Academia de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano de la primavera de 1995, bajo el título Problemas y opciones de la modernización en Chile, trata el tema de las identidades. Christian Parker escribe acerca de "Identidad, modernización y desarrollo local" (pp43 a 57) y postula acertadamente
que las identidades locales van a tener el mismo grado de importancia que en el pasado tuvo la identidad nacional. Percibe que habrá un grado de contradicción entre los procesos de modernización/globalización y las identidades locales que muchas veces se transformarán en defensistas frente al carácter invasivo que
asume el proceso modernizador. En el mismo número de la Revista Academia discutimos las tesis de Eduardo Valenzuela y Carlos Cousiño
(Politización y monetarización en América Latina. Instituto de Sociología de la Universidad Católica de Chile. Santiago.1994; J. Bengoa Modernización, comunidad y política" Revista Academia op. cit). Estos autores se ubican en la línea teórica y metodológica inaugurada en los setenta por el profesor Pedro Morandé (Cultura y Modernización en América Latina. Ediciones de la Universidad Católica de Chile. 1984). La tesis central de Morandé y quienes lo han seguido, señala que se habría establecido en el período barroco colonial el fecundo encuentro entre la religión católica y el mestizaje, construyéndose de una vez para siempre la identidad latinoamericana. Los autores comentados dan particular importancia al período hacendal en Chile,
en el que se habría constituido la base esencia) de la identidad nacional. El debate se ha enriquecido con el libro de Jorge Larraín Razón, identidad y modernidad en América Latina. Editorial Andrés Bello. 1996, en que realiza un importante análisis histórico de los procesos de modernización, estableciendo los ejes culturales sobre los que se habría levantado la cultura (culturas) latinoamericana. Martín Hopenheim (Ni apocalípticos ni integrados. Fondo de Cultura Económica. 1994.) entra de lleno en el debate acerca de la modernidad y aunque no se refiere directamente a los problemas de identidad y nacionalismo aquí planteados, Tomás Moulián los bordea por todos lados con muchas sugerencias en su exitoso libro: Chile actual. Anatomía de un mito. Lom. 1998. Algo semejante se puede decir de El Chile perplejo de Alfredo Jocelyn Holtz (Planeta 1998), de Manuel Antonio Garretón (La sociedad en que viví(re)mos. Introducción sociológica al cambio de siglo.. Lom. 2000.) especialmente el Capítulo Quinto. En M. Garcés et. al. Editores. Memorias para un nuevo siglo. Chile , miradas a la segunda mitad del siglo XX. Lom. 2000. un grupo importante de autores discute desde los mas amplios puntos de vista el tema de la memoria en Chile. Es un texto lleno de informaciones, opiniones e ideas no resueltas acerca del "cruce de caminos" en que se encontraría la sociedad chilena actual. Catalina Arteaga analiza en profundidad el tema de la identidad "en el contexto del cambio y propone la identidad social, identidad laboral y proyectos de vida, como tres niveles teóricos para el análisis de esta cuestión. (Modernización agraria y construcción de identidades. Flacso/Cedem. México 2.000). El estudio se introduce en las identidades de las mujeres temporeras en Chile.

Con ocasión del Segundo Centenario de la República han resurgido los temas identitarios. En volumen un conjunto de autores ensaya diferentes, variadas y a veces contradictorias posiciones respecto a lo que sería o debiese ser el país. El título pone el tema en una frase sonora ¿Hay Patria que defender? La identidad nacional frente a la globalización (Ediciones del Segundo centenario. Centro de Estudios del Desarrollo. Santiago.2000).

3. Discusión bibliográfica acerca del método de los Relatos de vida y los estudios acerca de identidad e identidades.

La expresión "relato de vida" surge en oposición al de "historia de vida", término que busca precisar la distinción entre la historia vivida por una persona y el relato que ella hace a un investigador. Distinción que funda el debate entre aquellos que afirman que el relato de vida constituye una descripción próxima a la historia objetiva y subjetivamente vivida; y aquellos que sostienen que la relación entre relato e historia es incierta; más aun que el término de historia "realmente vivida" no tiene sentido alguno. Independientemente de esta discusión, lo cierto es que se coincide en que el método de los relatos de vida es un método de recopilación y tratamiento de narraciones de personas que dan cuenta de fragmentos de su vida cotidiana pasada o presente. (A. Mucchiell, Dictionnaire des métodes qualitatives en sciencies humaines et sociales, A. Colin, París, 1996). Daniel Bertaux en Les récits de vie (Nathan, París, 1997), propone el relato de vida, como instrumento metodológico privilegiado para el estudio de un fragmento particular de la realidad socio-histórica, un objeto social; para comprender como él funciona y como se transforma, las configuraciones de las relaciones sociales, los mecanismos, los procesos, las lógicas de acción que lo caracterizan. En esta perspectiva, el uso del relato de vida no invalida el uso de otras fuentes tales como la observación directa de los comportamientos, los gestos y hábitos de quienes participan en la investigación y por cierto, los textos, documentos y estadísticas. Lo central sin embargo, y en esto coinciden diversos autores (Bertaux, De Gaulejac, Ferraroti) es que la principal característica del relato de vida es la de describir la estructura diacrónica de la vida recorrida. Esta característica lo distingue radicalmente de otras formas (no narrativas) de entrevista. Existe relato de vida, dirá Bertaux, desde que existe descripción narrativa de un fragmento de la experiencia vivida. En este sentido, el relato de vida puede constituir un instrumento excepcional para extraer saberes, imaginarios, proyectos de vida, identidades, a condición de orientarlos hacia la descripción de experiencia vividas personalmente y en los contextos en los cuales se inscribieron. Bertaux denomina este tipo de relatos "relatos de prácticas", relato que permite poner al que relata en relación con la acción en una determinada situación. Una acción que se desplaza en el tiempo; y que puede ser muy bien descrita por la forma narrativa del relato. F. Lejeune, Le pacte autobiographique, E. Seuil, 1996, define el relato de vida como un discurso retrospectivo en prosa que una persona hace de su propia existencia, poniendo el acento sobre su vida individual y en particular sobre la historia de su personalidad. F. Ferraroti, La historia y lo cotidiano, Ed. Península, 1991, discute a Lejeune la estrechez de esta definición y advierte que siempre la narrativa autobiográfica se inserta en un contexto o marco totalizador que haga posible su plena comprensión. Es la inserción del relato o el testimonio en un contexto preciso que permite también a los investigadores que hacen uso de este método, proceder como los historiadores y los filólogos, a la crítica de las fuentes. En este sentido, la contextualización es la necesaria red de fondo, la trama en la que se insertan y se encuadran, adquiriendo todo el significado, indispensables fragmentos del mosaico general, las específicos relatos de vida. La necesidad de la contextualización reposa sin duda, sobre el carácter selectivo de la memoria de los individuos. En esta misma perspectiva se inscriben los artículos compilados en la Revista Proposiciones Nº 29, Historias y relatos de vida: Investigación y práctica en las ciencias sociales, Ed. SUR, 1999. Las editoras (Francisca Márquez y Dariela Sharim) señalan que el relato de vida, más que una técnica, da cuenta de un enfoque de trabajo. Este aborda la vivencia singular de lo social; aprehende al sujeto en su quehacer cotidiano y en la manera que negocia sus condiciones sociales y culturales. Investigar desde la subjetividad, desde lo singular, plantea el paso desde el espacio del individuo singular a la expresión colectiva de un fenómeno social. De aquí se deriva una de las consecuencias epistemológicas más importantes de la aproximación del relato de vida: el desafío de vincular la historia de vida, que es por esencia un abordaje de lo singular, con la construcción social. En otras palabras, como la subjetividad inherente al relato de vida puede transformarse en conocimiento de las condicionantes sociales que lo hicieron posible. En otros términos, cómo pasar de la comprensión de las identidades individuales y fragmentadas a las identidades colectivas y socialmente construidas. En el logro de esta tarea, P. Bourdieu, La misere du monde, Seuil, París, 1993, nos propone abandonar el punto de vista único, central y dominante desde el cual se sitúa normalmente el observador, en beneficio de la pluralidad de puntos de vista, coexistentes y en ocasiones directamente contrapuestos. De este modo los relatos de vida rompen con la mirada estigmatizada de los sondeos de opinión y las grandes encuestas, abriendo una puerta a quienes, a veces fijados en el estigma, permanecen en silencio. La investigación propuesta, asume este desafío metodológico a través de una lectura cruzada de los relatos, pero también la reconstitución colectiva de la experiencia social. En La Desigualdad, Ed.SUR, 2000; los autores (equipo que participa en esta nueva investigación) asumen a través de la recopilación de historias diversas este desafío, pudiendo construir un mosaico de experiencias y trayectorias que dan cuenta de una vivencia común: la desigualdad. Sin embargo, los autores rescatan
también del método, la posibilidad que abre a quien relata de levantarse como protagonista central de una historia que es la suya. En este sentido, narrar la propia vida, facilita la explicitación de las dimensiones que lo constituyen como sujeto, que lo identifican. En este sentido, narrar la propia historia es una oportunidad también para relativizar el peso de las determinantes estructurales en el destino de sus vidas. Contar la propia vida permite devolver su centralidad a la subjetividad y reconocerse en la proyección de lo que siempre soñamos poder llegar a ser. En este sentido, el relato de vida nos abre a la identidad entendida como proyecto vital.

En esta misma línea, J. Poirier, Calpier et Raybaut, Les Récits de vie: Theorie et pratique, PUF, París,
1995 advierten que el documento biográfico no es más que una materia prima. Es en el cruce de los relatos de
vida que el método logra su objetivo. Los autores advierten que solo así se puede superar el único límite del
relato, su unicidad. El cruce de relatos permite que los discursos de quienes narran su vida se pongan en
relación con su sistema de representación y construcción social, siendo este un objetivo central del método.
La relación entre relatos de vida e identidad, la plantea adecuadamente V.De Gaulejac en su articulo
Sociología Clínica, en: Revista Proposiciones SUR 29, 1999, cuando señala que el objeto de los relatos de
vida , en la línea de M. Mauss (1930) es captar la "personalidad total" a través del relato que un sujeto
elabora sobre su propia vida; de captar la dialéctica entre lo singular y lo universal por medio del estudio
concreto de una vida humana; de entender en qué el individuo es el producto de una historia de la cual intenta
convertirse en el protagonista; de estudiar la relación entre historia e historicidad cruzando: a) el análisis de
los diferentes determinismos que contribuyen a producir al individuo; b) el análisis de la relación del
individuo con esos determinismos. En síntesis, los relatos de vida permiten entender al individuo como la
expresión de un grupo, de una cultura, de una historia social; pero no por ello se olvida el trabajo que lleva a
cabo cada sujeto para contribuir a la construcción de su propia existencia. El relato permite analizar los
momentos en que el individuo "se hace".
En síntesis, existe coincidencia entre autores diversos que el relato de vida, en tanto que testimonio de lo
vivido, comporta siempre una dimensión social; y en este sentido no es que nos aproxime a comprender a un
determinado individuo y su identidad, sino un fragmento de la realidad social e histórica, un objeto social.,
una identidad social. La elección de privilegiar al actor, de escuchar su relato de vida, de tomar en cuenta su
capacidad de acción, y el rol que juega o desearía jugar en la producción de su historia, no nos debe hacer
olvidar la importancia de las estructuras sociales que delimitan y limitan el espacio de lo posible. Si el
espacio es muy reducido, las capacidades de elaboración de estrategias identitarias a menudo son escasas. (V.
De Gaulejac, La lutte des places, Epi, París, 1998; R. Sautu, El método biográfico: la reconstrucción de la
sociedad a partir del testimonio de los actores; U. Belgrano, Buenos Aires, 1999; Seminario, Historié de vie:
Recherce, formations, pratiques, Fnepe, París, 1990; D. Desmarais et P. Grell, Les recits de Vie; Ed.Saint
Martin, 1994).
En el seminario Formation et dynamiques identitares, publicado bajo la dirección de J.M. Barbier (Ed.EP,
París, 1996) diversos autores advierten que los procesos de construcción identitaria son un campo
privilegiado para la aplicación del método del relato de vida. Sin embargo, advierten los autores, justamente
por el carácter de continuidad y permanente transformación de la noción de identidad, es que se requiere
prestar especial atención a las distintas dimensiones que comporta este proceso. Una primera distinción
básica es entre a) el relato que el actor individual o colectivo hace sobre sí mismo, b) las construcciones que
operan en torno a él, y c) las interiorizaciones que el actor hace de ellas. Asimismo, advierten los autores, no
es posible confundir en el análisis el relato que se levanta sobre un estado presente del actor y el relato hecho
en torno a un estado deseable. En el primer caso, se esta frente a un caso de concreción identitaria, el
proyecto se realiza; en el segundo en cambio, frente a un proyecto identitario futuro, no concretado. Todas
son dimensiones que dan cuenta de la difícil construcción identitaria, tensiones que no pueden ser
aprehendidas, si no se reconocen las dimensiones que se oponen a lo largo de las biografías.
En la misma línea E. León y H. Zemelman, Subjetividad: umbrales del pensamiento social, Anthropos,
España, 1997, plantean que la discusión sobre la subjetividad social, supone necesariamente el análisis de la
praxis en todas sus manifestaciones individuales y organizadas; en especial lo que tiene relación con la
capacidad para construir proyectos y concretar los procesos identitarios.
En esta perspectiva de reconstruir las identidades desde la memoria y la recreación de la experiencia y la
práctica individual y colectiva, se ubica una larga tradición de trabajo con historias orales y locales
desarrollado en A.Latina y Chile a partir de los años ochenta. Década que se caracterizó por los estudios
testimoniales de los sin voz; la historia de vida, más que el relato de vida, se mostraba en ese contexto como
un método privilegiado para conocer el punto de vista de aquellos que no contaban con voz. Ver,
L.Benavides, Historia oral: problemas y perspectivas, Doc.Nº220, Flacso, 1984.
En los años noventa se avanza y actualiza esta perspectiva haciendo de ella no solo un instrumento de
denuncia, y formación, sino también de conocimiento. M. Garcés et al, Propuesta conceptual y operativa para
la historia local, Eco, Santiago. 1996; Farías et al, Historias locales y democratización local, Eco, Santiago,
1995; relevan la historia local como un producto cultural de la propia comunidad, entendido como un relato
en el que se precisan hechos, se reconocen efectos estructurales sobre el desarrollo de la localidad, pero por
sobre todo se recrean las experiencias de poblamiento y de significados profundos. El concepto de identidad
se levanta como clave para aproximarse a la realización colectiva de ciertas búsquedas individuales. La
identidad, entendida como sentido de pertenencia del sujeto en relación a la cultura, es leída a través de
manifestaciones tales como los proyectos vitales o de emprendimiento familiar, las formas reconocibles del
poblamiento, las organizaciones comunitarias y sociopolíticas, entre otras prácticas sociales que, para ser
actualizadas (dejar su estado de posibilidad) requieren de una unidad de sentido. Es decir, que un grupo
comparta efectivamente un conjunto importante de atribuciones de significado. Los significados que
alimentan las identidades (en especial las identidades populares nos advierten los autores) no provienen
únicamente de enunciados discursivos, una importante fuente de esos significados provienen del medio
ambiente físico en que se desenvuelven. Es a esta condición de la identidad (popular) que los autores
denominan territorialidad; y que otros autores atribuyen al poder de habitar. Para Garcés et al, la
territorialidad es un rasgo compartido por todos los sujetos sociales, sin embargo, en el caso de los pobres, se
encuentra acentuada como un componente básico de su identidad. Un componente cuyo peso específico,
varía (se atraviesa y se expresa diríamos los investigadores) en las diversas coyunturas históricas, en
beneficio de componentes laborales, políticos, religiosos, y hasta deportivos, como ha podido observarse
entre los jóvenes populares.
El concepto de identidad territorial constituye un concepto absolutamente pertinente para nuestra
investigación. La creciente segmentación territorial de las ciudades y del país, hace que este concepto sea
válido también para los sectores más acomodados de esta sociedad (el efecto de guetización y por tanto de
adscripción a un espacio no es privilegio solo de los pobres; el término de condominio acuñado en los
Barrios de La Dehesa y Huechuraba por ejemplo, dan cuenta de ello.) Por cierto el territorio constituye hoy
día en Chile un recurso de integración e identificación al interior del propio grupo de pertenencia; pero
también de desintegración/ distinción/ diferenciación en relación al resto de la sociedad nacional.

Bibliografía mínima

 
-Benedict ANDERSON. Imagined communities. Reflections on the origin and spread of nationalism. 1983. (Traducción al español en el Fondo de Cultura Económica. 1993).

-Robert CASTEL . La metamorfosis de la cuestión social. Paidos. 1997.

-Michel MAFFESOLI . La transfiguration du politique. La tribalization du monde. Livre du poche. 1993. 

-Michel MAFFESOLI El tiempo de las tribus.

-José BENGOA. La emergencia indígena en América latina. Fondo de Cultura Económica.2.000.
-Revista PERSONA Y SOCIEDAD, editada por Instituto Latinoamericano de Doctrina y Estudios Sociales,
Número 1 de Abril de 1996 "Identidad, modernidad y postmodernidad en América Latina".
-Pedro MORANDÉ Cultura y Modernización en América Latina. Ediciones de la Universidad Católica de
Chile. 1984.
-Jorge LARRAIN. Identidad chilena. Editorial Lom. Santiago. 2001.
-Jorge LARRAIN Razón, identidad y modernidad en América Latina. Editorial Andrés Bello. 1996.
-Revista PROPOSICIONES Nº 29, Historias y relatos de vida: Investigación y práctica en las ciencias
sociales, Ed. SUR, 1999. Francisca Márquez y Dariela Sharim, editoras.
-Pierre BOURDIEU. La misere du monde, Seuil, París, 1993.
-Walker CONNOR. Etnonacionalismo. Trama Editorial.

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